Mykonos: querrás volver

Pocas cosas hay comparables a la llegada, al atardecer, al puerto de Mikonos. Un antiguo pueblecito de pescadores que, por la belleza de su costa, la blancura de sus casas y la luz halógena con la que alumbran las calles y los escaparates de las tiendas- joyería y cerámica especialmente- se ha convertido en una parada obligada para los viajeros de cualquier crucero.
Las calzadas de las calles, empedradas, son enlucidas con un blanco luminoso. Las tiendas y pequeños bares permanecen abiertos hasta que el último barco zarpa de su bahía. Mikonos: si vas querrás volver.

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